domingo, 17 de enero de 2010

Canciones Populares cordobesas II

Cordobesanas
Autor: Ramón Medina

Rafalita tiene novio,
un rico filigranero,
que le ha hecho una diadema
que es orgullo de su pelo;
con treinta y seis caracolas,
un rosetón en el centro
y una cruz en la corola
orlada de pensamientos.
La sobrina de "Manene"
tiene un novio
que no le conviene;
señorito de "jayares"
que a ninguna
lleva a los altares.
Y los mozuelos del barrio
le van a quitar la gana
de pasar, chamullando de amores,
a robar las flores
de aquella ventana.
Sal a la reja, chiquilla
ponte en el pelo un clavel;
que va a pasar la cuadrilla
del maestro Rafael.
Juan Molina va delante,
Llaverito va detrás,
figuras ten arrogantes
no las has visto jamás.
En el "Mataero Viejo"
el alcalde no pone faroles,
porque sabe que se alumbra
con tus ojos que son como soles.
Y cuando la luna clara
hace al barrio platear,
esos soles que tienen tu cara
se ocultan, morena, para descansar.


CORDOBESITA

Pasacalle de Ramón Medina

De soldado triunfador
llevas la cara, romero,
saltarín el corazón,
en el alma devoción
y en los labios un "te quiero"
envuelto en esta canción:
Por el Puerto de la Salve
cordobesita de rostro hermoso
te dije con la mirada,
cordobesita que estoy celoso.
El sol que te está besando,
cordobesita, lanzó un suspiro.
Prefiero que esté nublado,
cordobesita, cuando te miro.

Cordobesa de mi amor,
hoy se alegran los pinares
con tu gracia y tu candor
para llevarle una flor
a la Virgen de Linares
y rezarle una oración:
Por el Puerto de la Salve, etc.
Un romero te pintó
con vestido de lunares
y otro de tí se prendó
la mañana que te vio
caminito de Linares,
y así te piropeó:
Por el Puerto de la Salve, etc.
Mozo bueno cordobés,
llévame con tu caballo,
que a la Virgen quiero ver
y le tengo que ofrecer,
con las rosas del Rosario,
los claveles de mi fe:
Por el Puerto de la Salve, etc.

LA CHIQUITA PICONERA
Autor: Ramón Medina

El pintor la respetaba
lo mismo que algo sagrao
y su pasión le ocultaba
porque era un hombre casao.
Ella lo camelaba con alma y vía
hechisá por la magia de su paleta
y al igual que una llama se consumía
en aquella locura negra y secreta.
Y cuando de noche Córdoba dormía...
y era como un llanto la fuente del Potro,
el pintor decía,
¡Ay, chiquita piconera, mi piconera chiquita!
Esta carita de cera a mí el sentío me quita.
Te voy pintando, pintando ar laíto der brasero
y a la vez me voy quemando
de lo mucho que te quiero.
¡Várgame San Rafael,
tener el agua tan cerca
y no poderla bebé!
Ella rompió aquel cariño y le dio un cambio a su vía,
y el pintor iguá que un niño lloró al mirarla perdía.
Y cambió hasta la línea de su pintura,
y por calles y plazas lo vió la gente
deshojando la rosa de su amargura
como si en este mundo fuera un ausente.
Y cuando de noche Córdoba dormía...
y era como un llanto la fuente del Potro,
el pintor gemía:
¡Ay, chiquita piconera, mi piconera chiquita!
Toa mi vía yo la diera por contemplar tu carita.
Mira tú si yo te quiero que sigo y sigo esperando
ar laíto der brasero para seguirte pintando.
¡Várgame la Soleá, haber querío orvidarte
y no poderte orviá!

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